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San Rafael de Onoto: la historia que aún espera Correo electrónico

Discurso de Orden pronunciado en San Rafael de Onoto el 9 de mayo de 2004, con motivo del 278º aniversario de su fundación.

   

¡El tiempo recoge y acoge!.

  

Me traslado en el tiempo a una tarde de hace ya más dieciséis años, reunidos en una pequeña escuela, no lejos de la plaza, en la que nos encontramos con algunos sanrafaeleños para contar historias. Venía yo ocupándome de indagar la pequeña historia de pueblos sin cronista, del antiguo y desaparecido Distrito Araure, a cuya jurisdicción pertenecían los actuales municipios autónomos San Rafael de Onoto y Agua Blanca.

  

Y como el  tiempo recoge y acoge, otra vez, ya para veinte años de aquella tarde, venimos de nuevo invitados por las autoridades locales, conjugadas en la Alcaldía y Cámara Municipal, para entrañar papeles y develar historias.  Agradezco respetuoso la designación, y me dispongo a desandar caminos.

   

Caribe y cumanagoto

 

Recogió don Lisandro Alvarado que “Onoto”, cuyo nombre científico es Bixa Orellana es un “arbolillo de flores rosadas o blancas, cuyo fruto es una cápsula  erizada de púas, dentro de la cual se hallan de 20 a 30 semillas en cada placenta, que están envueltas en un pigmento rojo soluble en las grasas y usado en Venezuela a la manera del azafrán en Europa”. Y agrega el eximio antropólogo que D. Mendoza, el autor de El Llanero, sostenía que “la planta llamada onoto sirve para su medicina, produciéndole efecto sedante para los dolores de cabeza y administrándose las hojas pegadas en las sienes”. (Obras Completas,  tomo I, p. 293).

  

Onoto es “voz caribe y cumanagota”, aseguró don Lisandro. La lengua galibi o “caribe de cayena” así lo registra, mientras que en lengua tamanaca se escribió también “anóto” (Alvarado, ib. 293). La afirmación encuentra asidero en la amplia geografía donde se asentaron los caribes y cumanagotos:

  

De los cientos de topóniomos aborígenes conservados en Venezuela, solo dos pueblos resaltan sobre esa amalgama de coloridos nombres precolombinos.

  

Como voz cumanagoto, Portuguesa posee su San Rafael de Onoto; y como voz caribe, Onoto es también la capital del viejo distrito Cagigal en el estado Anzoatagui, territorio ocupado por los caribes.

  

Frente al mar, también, Onoto es una fila orográfica del Distrito Federal, y un pico del estado Aragua con alturas que ascienden los 2.500 metros (Alberto Sívoli G., “Diccionario Geográfico de Venezuela”, s.f, p. 126-127). Y de igual manera, Onoto es el nombre de dos caseríos en el centro del país: uno en el municipio Arvelo del estado Carabobo y otro en el estado Miranda.

  

En cuanto a nuestra región arawuaca, el nombre de Onoto viene a ser un cauce de aguas que, junto con el río Aguirre forma las aguas del río Tirgua en el vecino Yaracuy, con una extensión de más de 25 kilómetros, y sirviendo de límite con Carabobo.

  

Y acercándonos a Portuguesa, Onoto es una quebrada afluente, margen derecha, del río Camoruco, con extensión de 32 kilómetros, en jurisdicción del estado Cojedes.

  

Es deducible, por tanto, que el encarnado arbolillo le dio su nombre a los ríos y quebradas, y en manos de la religión, el vocablo se convirtió en pueblo. El Onoto cumanagoto y caribe comenzó a pintar las aguas y el paisaje; y, por estos lugares, debió abundar en las serranías donde convergen las estribaciones de Lara, Cojedes y Portuguesa, de donde descienden las aguas, para regar su voz en la geografía.

  

De los Caribes, recogieron nuestros cronistas:

  

“El traje es el desnudo cuerpo, todo teñido de onoto muy encarnado amasado con manteca de tortuga; la cabeza traen tan cubierta de esta pintura, que parece birrete de cardenal. Caminan por el pueblo los extraños con un canastillo pendiente en el hombro, el que contiene espejo, peine, tijeras, onoto y una concha con que se arrancan las barbas (...) Las guarichas usan la misma cincha que los hombres, y si pudiesen traer tres o más juntas es mayor gala: se tapan por delante y por detrás con un guayuco de cuarta, que tejen de algodón y aforrado todo de cuenta... Gastan el pelo largo y tendido, por delante recortado como cerquillo, y todo embarrado de onoto; las cejas afeitadas, y con caruto teñidas de negro”. Empero los capitanes andaban, como notó Carvajal, bien vestidos, sobre todo al usar traje de ceremonia (Ib., L. Alvarado, I - ps.  150-151).

  

Así lo recogió don Lisandro Alvarado, quien dejó escrito que las principales sustancias escogidas para la pintura del cuerpo eran el onoto o achote (Bixa orellana) de color rojo; el caruto, jagua o guanapai (Genipa americana) que produce un color negro azulado; así como la chica o parisa (Arrabidea chica), de color rojo cinabrio.

  

Escribió el acucioso andariego, que en el Alto Orinoco se eligió el curame para pintar en negro, y la chica para el rojo. Pero el onoto ha prevalecido en todo el país, en especial por ser usado como materia culinaria, para hacer las veces del azafrán europeo, y conceder color a las grasas, entre las cuales se disuelve con apreciable facilidad (L. Alvarado, Ib.  tomo I, ps. 157-158).

  

En el plano lingüístico, será materia para especialistas investigar el significado o raíz del prefijo o sufijo con la partícula “oto” en muchas de nuestras voces aborígenes con expresiones de dicha terminación. Así, registramos de nuestras crónicas indianas, las voces ciparic-oto, cumanag-oto, oto-macos, coro-m-oto y otras composiciones lingüísticas de evidente raíz precolombina.

  

Es tentador presumir, que el onoto, como vocablo indígena esté ligado al uso del color rojo o la pintura con la que nuestros aborígenes tiñeron sus cuerpos y rostros, para el ornamento o para la guerra. A falta del azafrán europeo para pintar la comida, América aportó su encarnado onoto, perviviendo aún en los testimoinios y procesos gastronómicos y culinarios post-coloniales, de tal manera que, llegada la cultura europea a tierra firme, el nombre del arbolillo se emparentó con los santos y las advocaciones, surgiendo a orillas de las aguas cercanas a Camoruco el pueblo dedicado a la advocación religiosa de San Rafael Arcángel, bautizándosele como pueblo de “San Rafael”, pero, “de Onoto”.

    

Fundación capuchina

  

Si hablamos del pueblo con nombre de fruto, tendremos que concluir que la fundación de San Rafael de Onoto está ligada al proceso de colonización hispana en los llamados “Llanos de Caracas”, que hasta bien entrado el siglo XIX llegaban hasta el río Masparro, cerca de Barinas.

  

Consolidando una historia de Cristo, paciencia y muerte de muchos de nuestros religiosos, los Misioneros Capuchinos andaluces arribaron a estos territorios de Portuguesa y Cojedes, desde 1658, dedicándose a la fundación de pueblos, aldeas y villas según el modelo hispano.

  

Afirmaron nuestros primeros historiadores, que San Rafael de Onoto habría sido fundado en 1726. Al respecto, el documentalista francés Luis Alfredo María Pratlong, mejor conocido como el Hermano Nectario Maria, se ocupó en historiar que los fundadores de este pueblo fueron Bartolomé  de San Miguel y don Salvador de Cádiz.

  

Necesario es hurgar algunos detalles.

  

Una revisión actualizada de las crónicas y documentos, recopiladas por el historiador capuchino Buenaventura de Carrocera, en su libro “Misión de los Capuchinos en los Llanos de Caracas”, nos permite evidenciar que tocó a Bartolomé de San Miguel y a Salvador de Cádiz, organizar las penetraciones o “entradas” de muchos de estos religiosos a tierras de los actuales Portuguesa y Cojedes, en un interés por expandir el ámbito de la llamada Misión de los Capuchinos en los llanos de Caracas.

  

Pero es necesario determinar; —y esto será tarea para un cronista local—, que existe el nombre de otro misionero capuchino, a quien Carrocera considera como el “fundador” de San Rafael. Se trata del misionero Antonio de Oporto, religioso europeo quien se adentró por estos inhóspitos parajes llevando el mensaje cristiano, y convidando con su palabra amable a nuestros aborígenes aposentarse en lugares estables, levantar casas, construir iglesia y sembrar la tierra.

  

Afirma Buenaventura de Carrocera, en base a fuentes documentales, que posterior a la fundación de Santa Bárbara de Agua Blanca, ocurrida en noviembre de 1725, desplegaron estos frailes capuchinos una acción evangelizadora que originó numerosas poblaciones que hoy conforman a las entidades de Portuguesa y Cojedes.  Y al describir Carrocera las “entradas” o expediciones de estos misioneros, afirma lo siguiente:

  

“A principios de 1726 una entrada más efectuada por los padres Bartolomé de San Miguel y Salvador de Cádiz, dio por resultado la reducción de 268 indios otomacos, amaibas, guaranaos y guamos con los que se estableció la misión de San Rafael de Onoto o de Cojedes en la jurisdicción de San Carlos”.

  

Y agrega:

  

“El fundador fue el Padre Antonio de Oporto y la comenzó el 9 de mayo del citado año”.

  

Quiere entonces, que el actual pueblo de San Rafael de Onoto habría tenido sus orígenes hispanos y fundacionales el 9 de mayo de 1726, fecha que se ha tomado como efemérides de fundación.

  

Si seguimos a Carrocera, deberíamos afirmar entonces que la Misión de San Rafael de Onoto o de Cojedes, en la jurisdicción de la Vila de San Carlos de Austria, debió su nacimiento al empeño del fraile Antonio de Oporto, bajo la tutela religiosa de los frailes capuchinos Bartolomé de San Miguel y Salvador de Cádiz, para entonces, de manera sucesiva, Prefectos de las Misiones Capuchinas a mediados del siglo XVIII.

  

Existen pocos detalles acerca de esta fundación. Un largo Memorial escrito por los Capuchinos en 1745, apenas informa lo que retomamos:

  

“El siguiente año de 1726 hicieron los Padres Fray Bartolomé de San Miguel y Fray Salvador de Cádiz otra entrada, con muchos soldados que llevaron a esta expedición, comandados por Don Juan Cevallos, alcalde ordinario de la de San Sebastián y después de tres meses largos que gastaron en esta empresa en varias correrías que hicieron, lograron reducir doscientos sesenta y ocho indios gentiles de nación otomocos, amaibos, guaranaos y guamos con los que se fundó la nueva misión y pueblo de San Rafael de Onoto como consta en autos...”

  

Al referirse al nacimiento de la misión, Nectario Maria escribió: “además entraron también en la fundación algunos mulatos y zambos libres, esto es los nacidos del negro y del llamado indio.

  

Algunos de estos detalles deben estar escritos en una carta que reposa en el Archivo General de Indias, en Santo Domingo, según lo afirma Carrocera, la cual debió estar fechada en el propio pueblo de San Rafael de Onoto, el 9 de mayo de 1726, día de su fundación, y redactada por el protagonista don Salvador de Cádiz.

  

La aprobación de las actuaciones acerca de lo ocurrido en San Rafael de Onoto, con relación a su fundación por parte del Consejo de Indias —máximo órgano de control y administración de las fundaciones en América—quedó definitivamente firme el 1º de agosto de 1730, fecha cuando el Consejo de Indias aprobó la existencia y funcionamiento de las misiones de Santa Bárbara de Agua Blanca y otra conocida con el nombre de Misión del Ángel Custodio del Pao, también de Cojedes .

  

Para mala fortuna de los capuchinos, a los dos meses se fugaron los indios de San Rafael de Onoto, los casi trescientos otomocos, amaibos, guaranaos y guamos, pertenecientes a la gran famiia arawuaca. El mismo Memorial Capuchino de 1745, cuenta:

  

“...y dentro de dos meses hicieron fuga todos los expresados indios y despachando en su seguimiento una escolta los alcaldes de la Villa de San Carlos, se aprehendieron los más y se restituyeron a su pueblo...”

  

No se amilanaron los misioneros en su interés por San Rafael de Onoto, por lo que pusieron su empeño en reiniciar la búsqueda de los fugados y docilizarlos en la palabra y cristiano mensaje. No se conformaron con haber fundado los pequeños poblados, sino que continuaron reunir aborígenes para consolidar la obra iniciada. Fue así como  en 1733, el padre Bartolomé de San Miguel, interesado e incrementar el número de aborígenes en la misión de San Rafael, efectuó otra actuación en procura de su consolidación.

  

Salvador de Cádiz a través de Autos presentados en  Europa, en una extensa crónica sobre su misión pastoral en los llanos, cuenta:

  

“Este año de treinta y tres hizo otra entrada a la reducción de los gentiles el Padre Fray Bartolomé de San Miguel, con cincuenta y cuatro soldados voluntarios, comandados por el capitán Don Ignacio Sánchez Nadales en la que se gastó más de dos meses de tiempo y logró él reducir ochenta y dos indios gentiles de ambos sexos, los que se poblaron en la misión y pueblo de San Rafael de Onoto”.

  

Otra crónica de la época, adiciona sobre estos aborígenes reducidos, que los mismos pertenecían a la nación de los otomacos, tribu que había sido traída por Oporto para la fundación de San Rafael.

  

En 1735, cuando San Rafael de Onoto va a cumplir diez años de haber sido fundada, la misión muestra la inevitable fusión hispanoamericana. Al respecto, Buenaventura de Carrocera recoge que existen en el pequeño poblado “trece familias de cristianos y siete de paganos”, esto es siete familias de indios bautizados y siete familias de indios aferrados a la idolatría. Llamábase a los indios “gentiles”, aborígenes idólatras, es decir creyentes de sus ídolos precolombinos.

  

En 1745, veinte años después de la fundación, había en San Rafael de Onoto 350 bautizados y “enterrados cristianamente” a 350 pobladores.

  

Un pormenorizado informe con noticias de los pueblos de los llanos, redactado por los capuchinos hacia 1745, refieren:

  

“Dos leguas más delante de Cojedes está situado el pueblo de misión de San Rafael de Onoto. Fundóse dicho pueblo con indios que sacó de los llanos el padre Fray Salvador de Cádiz de nación otomacos, guaranaos y taparitas, a los que se han ido agregando muchos otros indios de las mismas naciones que en varias jornadas han sacado de los llanos los padres Fray Miguel de Olivares, Fray Bartolomé de San Miguel y Fray Salvador de Cádiz. Las tierras que tiene este pueblo, los frutos que produce y la industria para mantener los indios es todo en el mismo modo y método que queda dicho en el pueblo antecedente de Cojede, salvo el de poder ayudar para la manutención de otros indios, por causa de ser este pueblo muy reciente y habérsele entrado varias partidas de indios que muchos de ellos aún perseveran gentiles”.

  

Recoge esta crónica, que la industria para mantener a los indios era similar a la de San Diego de Cojedes, esto es: “muy buenas y fecundas tierras” para sembrar maíz, yuca, frijoles y tabaco. A pesar de esfuerzo de los religiosos, San Rafael de Onoto llegó a disminuir su población, al punto de que en 1745 apenas registró 90 moradores.

  

Para 1752, atendía la misión, el capuchino José de Alhama. Trabajó con tesón y piedad cristiana, lo que contribuyó, siete años después a incrementar su población. De 90 pobladores que había  San Rafael, registró en 1758, la suma de 295 almas. Veinte años después, en 1778, la tierra del onoto llegó a contar 126 familias, habitados en 107, para un total de 606 habitantes.

  

Por dieciocho largos años, atendió el padre José de Alhama a San Rafael de Onoto; y unas notas sobre capuchinos fallecidos en 1772, afirma que Alhama había llegado a convertirse en Prefecto de los capuchinos, y había muerto en este pueblo a los 57 años.  Fue el padre Alhama quien hacia 1758 fabricó una nueva iglesia de tejas, tras haberse quemado la primera en 1757.

  

Poco después, hacia 1777, año cuando los capuchinos entreguen finalmente al obispo la asistencia misionera de  San Rafael de Onoto y otros pueblos, el poblado registró que aquí sembraban y moraban 125 españoles, quienes convivían armónicamente junto a 281 indios, cimentando finalmente el modelo hispano.

  

Hacia 1761, las noticias documentales informan que, a pesar de haberse incrementado su población con indios otomacos, San Rafael presentaba una “ruina” con relación a su población indohispana. Al respecto, un informe alega que esta ruina de la población se debe “más por las muchas enfermedades que estos han padecido, se presume que a causa de sus hierbas y hechicerías” aunque es “muy saludable para otras gentes”.

   

Consolidación colonial

 

En 1781, la Misión de San Rafael de Onoto, quien nació con dependencia jurisdiccional de la Villa de San Carlos de Austria, comenzó a depender de la Villa de Araure. Una crónica de la época así lo recoge: “en el día consta de 22 casas y 21 familias: las 14 de indios y las 7 restantes de partos y unas y otras componen 92 almas. La casa-convento es de teja; la iglesia de bahareque, cubierta de palma, con campana, ornamentos y lo más preciso para su servicio”.

  

En 1779, la misión es visitada por el andariego Obispo Mariano Martí, quien por doce años recorrió cada pueblo de nuestra vieja Capitanía General de Venezuela. El ilustre prelado arribó a San Rafael de Onoto el 6 de febrero de 1779, permaneciendo en la población por tres días.

 


Una crónica de alto valor histórico se recoge entre sus libros:

  

“El día seis de febrero de mil setecientos setenta y nueve salió Su Señoría Ilustrísima del antecedente pueblo de Cojede y, habiendo andado cerca de tres leguas, llegó a éste de San Rafael de Onoto, y al siguiente día siete procedió a la visita de su iglesia con las ceremonias acostumbradas vio y reconoció la fábrica, fuente bautismal, altar, imágenes, vasos sagrados, ornamentos y demás bienes y de todo se formó inventario que original está extendido al folio 129 vuelto del libro de Inventarios.

  

Este pueblo es de misión viva o reducción de indios para los cuales fue principalmente fundado por los religiosos capuchinos andaluces, misioneros de esta provincia y solamente de dichos indios es habitada la población, porque, aunque hay algunos vecinos españoles y de otras castas, a quienes se administra el paso espiritual por este misionero, viven todos éstos en los campos donde tienen sus sementeras y hatos de ganado vacuno, de mulas y caballos; y en estos campos habitan también algunos de dichos indios. Se principió la fundación de este pueblo el año de mil setecientos veinte y seis con indios gentiles otomacos, guaranaos y chiripas, a que después se agregaron otros, y también los referidos españoles y de otras castas. Corresponde al vicariato de la Villa de Araure y su territorio consiste en tres leguas y media de norte a sur. Al oriente, aunque con alguna declinación hacia el sur, confronta con el supradicho pueblo de Cojede, distante cerca de tres leguas; al poniente con el pueblo de Sarare, del vicariato de Barquisimeto, distante ocho leguas; al norte con el pueblo de Caramacate, del vicariato de San Carlos, distante poco más de una legua, y al sur con el pueblo de Aguablanca, distante cinco leguas.

  

La iglesia de este pueblo está dedicada al Arcángel San Rafael; su fabrica es de un cañón de corta capacidad y de poca fortaleza; sus paredes son de bajareque doble,  y el techo de varas y cañas cubierto de palma; tiene sacristía, y pórtico y un cementerio de semejantes materiales. El único altar que hay en ella está dedicado al santo titular, y en un ángulo inmediato a la puerta principal está puesta la fuente bautismal cercada con algunas paredes de bahareque para su resguardo.

  

Solo hay un ministro en dicha iglesia que es el religioso capuchino misionero destinado a este pueblo, y las rentas que anualmente goza son cincuenta pesos que se le contribuyen de las cajas reales, veinte pesos que producirán las primicias, y cuarenta y un pesos a que podrán alcanzar las obvenciones de mismas cantadas de devoción y de bautismos, casamientos y entierros de los vecinos españoles, que todo  compone ciento once pesos. Este mismo misionero está encargado al propio tiempo del pueblo de Santa Inés del Altar, alias Cerronegro y acerca de las obvenciones que de allí percibe, daré razón en la visita de dicho pueblo.

  

La fabrica de la referida iglesia de San Rafael no tiene otra renta que los derechos de sepultara y velaciones que pagan dichos vecinos españoles y podrán alcanzar cada año a diez pesos, y en ella no hay fundada cofradía ni obra pía alguna.

  

Matricula o padrón de este pueblo, 600 almas”

   

La independencia

 

A comienzos del siglo XIX, San Rafael de Onoto es un pueblo consolidado, dispuesto a no desaparecer en el camino a Caracas y región del Portuguesa. Constituido por una considerable población aborigen, en sus alrededores reside una buena porción de españoles, que pronto verán los cambios que surgen con la Idependencia.

  

En 1801, nueve años antes de iniciarse el proceso de independencia, José de Canillas, para entonces Prefecto de la vieja misión capuchina de los llanos, la cual va a durar en San Rafael hasta 1805, escribe: “En San Rafael de Onoto hay 104 almas”. Y es precisamente, esta pequeña población, la que será testigo de las andanzas independentistas y encuentros bélicos que atraviesan esta comarca levantando armas y levantando banderas.

  

Las primeras avanzadas de la Campaña Admirable en San Rafael de Onoto están registradas el 12 de Julio de 1813.

  

Ocupada la Villa de Araure desde el 4 de Julio de 1813 por Cruz Carrillo; y desde el día 11 por el Comandante patriota Francisco Ponce, salió desde Barquisimeto hacia la Villa de Araure el realista Francisco Oberto. Gracias a un movimiento estratégico de Ponce, no ocurrió encuentro armado y Francisco Oberto, el mismo día, se retira de la villa con dirección a San Rafael de Onoto. Fue así como fue ocupada esta población por los realistas al mando del monárquico Oberto, quien ocupó a San Rafael de Onoto con 800 infantes de buena tropa, 190 caballos y dos piezas de artillería.

  

La referencia viene contenida en las Memorias del prócer Pedro Briceño Méndez, protagonista de estos sucesos; y Secretario de Guerra de El Libertador. En su conciso libro “Relación Histórica”, Pedro Briceño Méndez escribe que, cuando Ponce “se ocupaba de aumentar su destacamento” en Araure, se presentó Oberto con su columna. Afortunadamente no hubo enfrentamiento de armas, gracias a la pericia de Ponce. Briceño Méndez expresa que “la conducta del Mayor Ponce en esta ocasión es muy recomendable pues aunque no se batió, supo entretener el enemigo y retirarse en orden hasta San Rafael de Onoto” (Pedro Briceño Méndez, “Relación Histórica”, p. 28).

  

Una investigación sobre la Campaña Admirable, nos permitió determinar para una Investigación-Proyecto para FUDECO, en compañía de los historiadores Argenis Agüero, de San Carlos, a Armando Gózales Segovia, cronista del vecino Cojeditos, que, desde San Rafael de Onoto, Oberto siguió la ruta de Caramacate hasta el Altar para salir a Gamelotal y de allí avanzar hacia Cabudare y continuar camino hacia Barquisimeto, toda vez que, desde el 20 de Julio, desde Araure, Rafael Urdaneta le siguió los pasos sin lograr alcanzarlo.

  

La segunda ocupación a San Rafael de Onoto se debió a los patriotas. Primeramente el paso de la División del Centro, al mando del Gral. Rafael Urdaneta, quien camino hacia San Carlos, atravesó la población el 25 de julio del mismo año 1813. Dos días después, con el grueso de la tropa, el 27 de julio de 1813, pisa por vez primera, a San Rafael de Onoto, el propio Libertador Simón Bolívar.

  

Sobre estos pequeños sucesos, alguna vez escribimos sobre San Rafael de Onoto y la Independencia que el camino de la patria ha tenido que construirse sobre solapado, peligroso y obligado paso por estos pueblos atravesados a orillas del camino: No todo el valor relumbra en Carabobo. Las estaciones de un vía crucis conocido tienen un nombre, es cierto: Apure, Guanare, Araure, San Carlos, ¡Carabobo!. Pero los pequeños pueblos, los pueblitos, son también derrotero que conduce hacia la guerra, y por ellos van atravesando las banderas de la patria.

  

De esta manera, concluida la Campaña Admirable, en 1813, la riqueza de Araure es el botín de guerra cuando se viene o se va desde San Rafael de Onoto.

  

Antes de la gloriosa victoria de Araure, San Rafael de Onoto es el camino por donde avanzan las tropas venidas desde San Carlos de Austria. El Boletín Nº 25 del Ejército Libertador trae someros detalle:

  

“El día 02 de diciembre de 1813 dispersó la descubierta de valerosos cazadores a las avanzadas enemigas situadas en el paso principal del río Cojedes y en las alturas de las Montañas del Altar, por nuestra parte sólo hubo un caballo herido y los contrarios tuvieron varios muertos, dejaron en nuestro poder algunos fusiles, municiones y víveres abandonando los puestos que ocupaban,  los cazadores pernoctaron en el Altar y el resto del ejército en el paso de Cojedes, Caramacate y Onoto; el cuartel general se sitúo en Caramacate”.

  

La pequeña historia, la menuda obviamente no registra los nombres ni los detalles. No obstante, la escena es imaginable: a la casa de unos pocos, con su pobreza de camino, por las crueldades de la guerra, llega el pelotón descalzo en solicitud de un pedazo del pan, de una bebida y avío para la guerra. Caballos, fusiles, cajas de guerra, resuena bulliciosos sus en “Onoto”, como se lo menciona en el documento. El metálico sonido del escalofrío, anuncia el incierto destino de los soldado: el destino es la guerra. Entonces, sobre la gigante pirámide de la gloria de Araure, la única que hiciera brilla cuerpo a cuerpo la luminosa espada de Bolívar, se alza también el esfuerzo de San Rafael de Onoto, como lo hizo Agua Blanca, como lo hizo Cojedes, Paso Cojedes, Caramacate y El Altar. ¡Fueron pueblos que fueron a la guerra en la mochila viajera de un pedazo de pan del buen vecino¡.

  

Los documentos no mienten: “un caballo herido”, durmieron en el Altar, en el paso del Cojede... “Por aquí pasaron”, diría Alberto Arvelo Torrealba. Lo repito de nuevo: Alguna parte de esa sangre victoriosa y heroica, de fuerza, regada en los campos de Araure, ha debido y ha tenido también que recogerse acá en San Rafael de Onoto.

    

El tiempo abre caminos

  

San Rafael de Onoto se registra en la crónica y se registra la geografía. El desaparecido toponimista Adolfo Salazar Quijada, en su libro sobre las fuentes cartográficas obtenidas en el Archivo General de Indias dejó asentado las veces que el nombre de San Rafael de Onoto se asentó en los mapas.

  

Así tenemos que en 1818 aparece en un mapa de caminos itinerarios entre San Carlos a Caramacate, con los topónimos “Cuesta de Onoto” y “Quebrada de Onoto”.  Del mismo año, dos croquis con itinerarios desde Puerto Cabello, Valencia y Quibor asienta la importancia del “río Onoto” para el centro occidente de Venezuela (A.S. Quijada, 1983, “La Toponimia en las Fuentes Cartográficas del Archivo de Indias”, ps. 363 y 391).

 

 

Algunos de estos caminos, se encentran registrados en una documentación existente en el Archivo General de la Nación, Sección Traslados, según investigación del archivista y cronista Armando González Segovia. En un libro existente en dicho archivo, bajo el titulo “Itinerarios y Rutas Militares entre los Pueblos de Venezuela”, el Hermano Nectario María, transcribió del Archivo General de Indias en Cuba y Sevilla una serie de legajos con referencia detallada a caminos usados por los militares durante la Independencia.

  

Los levantamientos fueron realizados entre 1815 y 1819, con una visión precisa de los caminos durante el primer cuarto del siglo XIX.

  

Al respecto de la ruta o itinerario Barinas - Guanare – Araure, la ruta o camino era más o menos la misma que en 1704 es utilizada por el Padre Miguel Alejo Schael, y recorrida por casi todos los viajeros de los llanos en años posteriores. Agustín Codazzi la describe de la siguiente manera: “Las vías de comunicación son malísimas, si se exceptúa la que de Barinas conduce a Guanare, y de allí a Araure, hasta Cojedes, que es regular, no porque tenga ninguna construcción particular, sino porque la naturaleza le dio un buen piso” (Obras. Vol. II, p. 215).

  

De Guanare se pasaba a "Ospino...tiene significativas funciones comerciales con caminos fácilmente transitables con Guanare y Valencia y poblaciones intermedias entre éstas dos vías, en el camino a Araure progresa la comarca de la Aparición (Cunill Grau, t. III, p. 2.034, 2.035). Luego se llegaba a Araure.

  

Con interés en el pueblo de Onoto, refiere el geógrafo Pedro Cunill Grau lo siguiente:

  

"Enrumbada en el camino hacia San Carlos, en jurisdicción administrativa de Araure se encuentra la comarca de Agua Blanca...También la comarca de San Rafael de Onoto... Ambas comarcas viven del policultivo agrícola, la ganadería, destacando las plantaciones de caña de azúcar de Agua Blanca, que se destinan preferentemente a la elaboración de aguardiente” (t. III, p. 2.036).

    

Contar la historia

  

La historia de los pueblos es la historia de los hombres. Necesario es prescindir de los viejos conceptos, por los que se medía la historia de los pueblos: la historia de los sucesos corresponde a la historia de los hombres y de sus armas. La historia de la batalla, el encuentro armado, la guerra social venezolana, debe dar paso al estudio de las regiones y su economía evolutiva. No gira la historia alrededor de la vida de uno o varios hombres en un momento histórico determinado: La historia de la regiones ha de medirse por el tiempo del hombre en su espacio geográfico y no por la cantidad de hitos que nos recuerdan las grandes hazañas. La vida cotidiana y pueblerina, el pequeño suceso registrado por eso que algunos llaman “micro-historia”, debe convertirse en motivo de estudio para reconstruir la vida de nuestros pueblos. 

  

Lejos ha venido quedando en nuestro país el viejo concepto del estudio de la historia impuesto por el cojedeño Eloy Guillermo González, el hermano Nectario María (Luis Alfredo Pratlong), o el estudio obligado de la “Historia Constitucional de Venezuela” de don José Gil Fortoul y los textos de Historia Patria de Alejandro Fuenmayor Morillo.

  

El historiador moderno requiere de la crónica como herramienta y género de las ciencias sociales. La pequeña historia, la que estudian y escriben los actuales cronistas de Venezuela debe ser contada.

  

Necesario es contar del río y del árbol, y de la casa o la bodega. Subyugan y retrotraen las historias y cuentos de los aparecidos de nuestros llanos y piedemonte; fascinan los cuentos de nuestros ancianos, que es decir la pequeña historia de nuestros pueblos. De allí que sean tan necesarias las crónicas como los cronistas. Escribió alguna vez un pensador que “ninguna historia es más importante que poder ser contada”.

  

La historia de San Rafael de Onoto requiere ser contada, como requiere esta tierra de un cronistas activo que desmadeje los hilos del tiempo ido. Como cronista y ex-presidente de la Asociación Nacional de Cronistas Oficiales de Venezuela, elevo en esta tribuna la petición formal de que se designe con las formalidades a que haya lugar, al custodio de una memoria que se pierde en el día a día, o peor aún, espera en nuestros archivos municipales, estatales y nacionales.

  

Necesario será corroborar, corregir y verificar lo que aún repetimos como cierto de San Rafael de Onoto. Necesario es revisar con un carácter científico y metodológico la pequeña historia que deviene de aquella reducida misión capuchina en los llanos de Caracas.

  

Propónganse las autoridades de este municipio de Portuguesa conceder un espacio para la historia, en estos tiempos donde se falsea o se sentencia con la  saeta de la historia.

  

Valórese el esfuerzo de hombres y mujeres de este pueblo que en silencio indagan una aproximación histórica de este municipio. Expongo como solo ejemplo, porque conocemos de otros esfuerzos, el interés de los profesionales David Leal y Amable Oropeza, quienes a falta de cronista compilan un libro sobre San Rafael de Onoto.

  

Amplia y documentada es la crónica de estos preocupados sanrafaeleños de oficio, en una modesta obra que debiera empeñarse en publicar la Alcaldía de este municipio. Requieren nuestros escolares y liceístas de libros como este, que hemos leído con el interés por el género. Ricos y precisos datos sobre el pasado y presente de esta población distingue el contenido de esta inédita obra.

  

Leal y Oropeza, el primero lamentablemente afectado de salud, reflejan con devoción al terruño una valoración en la búsqueda sobre San Rafael de Onoto. Valiéndose de la tradición oral, dibujan la pequeña historia de este pueblo partiendo de los testimonios recogidos entre los personajes reconocidos por la localidad. En segundo interés, con una metodología signada por la pesquisa, se aproximan en un meritorio trabajo de investigación que alcanza temas ligados a la micro- historia, folklore, informes técnicos ligados al proceso agrícola de la región en su etapa contemporánea, con datos estadísticos basados en publicaciones oficiales, reportajes y trabajos periodísticos de circulación nacional y regional.

  

Necesario es que se ofrezcan a la luz, libros como este, para conocimientos de nuestros docentes y nuestros estudiantes: la historia del santo patrono, alusiones al significado del topónimo “Onoto”, aspectos geográficos del municipio y un recuento que abarca un periodo comprendido entre nuestro pasado precolombino hasta los anales republicanos.

  

Con autorización de estos autores enumeramos la cronología aproximada de las jurisdicciones a las que ha pertenecido San Rafael de Onoto:

  1726: Pueblo de misión de la Villa de San Carlos de Austria Provincia de Caracas.1778: Pueblo de misión de la Villa de Nuestra Señora del Pilar de Araure Provincia de Caracas.1824: Parroquia del cantón Araure de la Provincia de Barinas, Departamento de Venezuela de la República de Colombia.1830: Parroquia del Cantón  Araure de la Provincia de Barinas República de Venezuela.1851: Parroquia del Cantón Araure de la Provincia de la Portuguesa República de Venezuela.1880: Municipio del Distrito Araure de la Sección Portuguesa del Estado Sur de Occidente.1882: Municipio del Distrito Araure de la Sección Portuguesa del Estado Zamora.1891: Municipio del Distrito Araure del Estado Portuguesa1899: Municipio del Distrito Araure del Estado  Zamora1909: Municipio del Distrito Araure del Estado Portuguesa1983: Distrito Autónomo “Francisco de Miranda” 1984: Municipio del Distrito Araure

1989: Municipio Autónomo del Estado Portuguesa.

  

Es mucho aún lo que hay que escribir. La verdadera historia de San Rafael de Onoto aún no ha sido contada a los portugueseños. Expongo como ejemplo tareas que hay que emprender para abordar: la pasantía comunitaria en este pueblo a finales del recién concluido siglo XX de Rafael Carballo, la máxima figura de la pintura ingenio en Venezuela. Vivió y pintó en este pueblo por algún tiempo, lo que honrará a San Rafael cuando se reseñe o divulgue esta historia.

  

Mejor aún: vivió y murió en este pueblo, don Aquiles Roldán, descendiente directo del abuelo del pintor valenciano Arturo Michelena, gloria de las artes plásticas de nuestro país. Lo visitamos en su casa cercana a la plaza para admirar sus profundos y azules ojos aún con la inocencia de haber sido el último descendiente de doña Gertrudis Roldán, la araureña amable que procreó descendencia con el general y militar de la Federación, Juan Antonio Michelena, residenciado en Araure y enterrado con homenajes de prócer local a finales del siglo XIX.

  

Es necesario que un cronista de San Rafael de Onoto se ocupe en reconstruir para la historia local, la ruta e itinerario de los antiguos caminos que comunicaban a Caramacate, Paso Cojedes y El Altar en tiempos de nuestra independencia. Los vecinos de estos lugares están dispuestos, y así nos lo han hecho saber, en el mejor interés de levantar información necesaria para ser contada en nuestras escuelas.

  

Las historias aguardan a las orillas de los caminos; y aguarda aún San Rafael de Onoto, de un activo cronista. El nombramiento del cronista debe estar sujeto a un interés científico y no a un interés político. No deben conformarse nuestros pueblos en designar hombres que se conformen solo con intervenir en nuestras plazas en los protocolares actos públicos. San Rafael de Onoto deberá designar a un funcionario de ejemplar conducta, y que a esté dispuesto a escribir y defender el gentilicio de esta pueblo; y que por encima de otros intereses responda al paciente objetivo de escribir la pequeña historia de este pueblo.

  

Como hemos escrito, el “Cronista Oficial” debe ser un relatador de lo trascendente y lo menudo, Pero el cronista no solo escribe, sino que su misión como guardián, relator y albacea de la memoria de la ciudad y municipio le exige conocimientos diversas para emprender la honrosa responsabilidad de reconstruir los sucesos históricos, así como las expresiones tangibles o intangibles heredadas de nuestros pueblos.

  

Portuguesa y sus cronistas esperan aún encontrarse con el cronista de este pueblo, para llenar la vacante de su primer memorista, Héctor Suárez, ya fallecido.

   

En recuerdo al fundador

  

Antes de concluir, me permito evocar un breve recuerdo a Fray Antonio de Oporto, a quien, salvo otras noticias, podrá tenerse como el fundador de la misión capuchina de San Rafael de Onoto. Considerábase ” fundadores” a aquellos hombres, quienes, empeñados en objetivos civiles o religiosos, se dedicaron a consolidar las primigenias poblaciones venezolanas.

  

En recuerdo a Fray Antonio de Oporto, debemos decir que había llegado a Venezuela en 1723, integrándose con su trabajo a la Misión Capuchina de los llanos en compañía de cinco sacerdotes, tres años antes de ocurrir la fundación de San Rafael de Onoto.

  

Como lo transmite su apellido, el capuchino poseía una ascendencia de origen portugués, y es presumible que el misionero haya sido oriundo de la ciudad de Oporto, adosada a orillas del río Duero, a orillas del Atlántico, al nor-este de Portugal.

  

Dos años de haber arribado a Venezuela, en 1725, junto a Fray Sebastián de Bayona, el religioso se ocupa de atender la Misión de la Pastora Divina, en la jurisdicción de Coro, ofreciendo su palabra cristiana a los naturales de la zona. Al año siguiente, ocurrirá por estos parajes la fundación de la misión de San Rafael de Onoto y su paciente trabajo misionero, que aún trasciende al tiempo.

  

Según lo recoge el historiador Buenaventura de Carrocera, algún informe de la época registrará del padre Antonio de Oporto:

  

”El misionero que administra por el presente este pueblo y el que lo ha puesto en muy buena forma y planta es el padre Fray Antonio de Oporto”.

 

  

La frase es honrosa: “El que lo ha opuesto en muy buena forma y planta...”. Debió ser un religioso de paciente y tesonera actuación durante sus más de doce años al frente de la consolidación del villorrio, en un siglo cargado de crueldades y agresiones para con nuestros aborígenes americanos, tan maltratados por nuestros primeros conquistadores y colonizadores.

  

De igual manera, un largo expediente fechado en 1745, en el pueblo de San Rafael de Onoto, y firmado de su propia mano, describe la situación vivida por propio Oporto en el pueblo que era su obra misional. El texto es como sigue:

  

“Certifico y doy fe, yo Fray Antonio de Oporto, misionario apostólico y presidente de esta misión de San Rafael de Cojede, que en doce años que la tengo a mi cargo, se han hecho dos entradas, sin otras cuatro que antes se hicieron y se fundó, de que se hallará en los archivos. En mi tiempo se me fueron a sus tierras en diversos tiempos cincuenta almas; en esta última, que hay tres años, se fueron a las 24 horas 30 almas; por contrarios guativas y malare se han muerto doscientos y cincuenta indios grandes, bautizados algunos in extremis; angelitos bautizados se han muerto ciento. Al presente hay sesenta de doctrina y de pecho; hay cincuenta y tres familias con sus casas bien dispuestas y embarradas; hay gentiles cincuenta, porque no quieren ser cristianos ni están medio capaces para recibirle, rezando de mañana y tarde, porque los ancianos no quieren aprender. Esto es lo que afirmo y doy cuenta sobre lo que se me pide y está a la vista, de que lo firmo en esta misión del Arcángel San Rafael, en veinte y dos días del mes de julio del año de mil setecientos cuarenta y cinco”.

  

Fray Antonio de Oporto (Firmado y rubricado)”.

   

Signados sus días por este celo misionero, puede uno imaginarse que los días de Fray Antonio de Oporto, estuvieron dedicados a su fundada misión capuchina de San Rafael de Onoto entre el camino del Cojedes al Portuguesa.

  

Dos años después de haber escrito la anterior certificación, habría de morir en el propio pueblo de San Rafael, y en algún lugar cercano al primitivo asiento del pueblo, no muy lejos de esta plaza han de estar sus restos.

  

Buenaventura de Carrocera, al hablarnos de algunos capuchinos fallecidos en la ultima mitad del siglo XVIII, refiere haber muerto aquel año “el Padre Antonio de Oporto de nación portugués, fundador de San Rafael de Onoto o Cojedes, de la que cuidó hasta su muerte ocurrida allí también en octubre de 1747 a los 60 años de edad...”.

  

Algún recuerdo en San Rafael de Onoto debe honrar su memoria, puesto que Oporto, y a sus otros dos protagonistas de fundación: Bartolomé de San Miguel y Salvador de Cádiz. Del primero se sabe que murió en febrero de 1737, acribillado por las flechas lanzadas por unos aborígenes de los llanos a quienes predicaba por aquel año. Salvador de Cádiz, por su parte, regresó a España entre 1755 y 1757, morir en la tierra madre.

   

Reflexión final

  

Concluyo con una reflexión final: Se celebran en el tiempo los acontecimientos que el mismo tiempo nos devela. Somos lo que semeje nuestros orígenes, nuestra mestiza amalgama cultural, a través de sus expresiones tangibles o intangibles ligadas al Patrimonio Cultural.

  

Pero en un plano colindante en lo filosófico, y siguiendo al poeta argentino Facundo Cabral, con él podemos repetir: “La percepción que tenemos de la sucesión de los acontecimientos en el tiempo depende más de la impresión que nos causaron, que de los propios sucesos. Son más los que pensamos que los que fueron; es decir, que estamos encadenados a supuestos: extrañamos lo que odiamos, añoramos lo que nos hizo mal, recordamos lo que debería haber sido y no lo que fue”.

  

Escribió este meditador latinoamericano: “Me aparto del tiempo lineal, el tiempo histórico, el tiempo de los objetivos, el de los logros, el de las recompensas, porque ese tiempo lineal solo es el tiempo en el que producimos por obligación, presos en una cultura de consumo para lo que es peor desperdiciar el tiempo que dejar sin producir un capital, por eso nos acostumbraron a pensar que los ideales, las fantasías, los sueños  la imaginación, responsables de los progresos y el arte del hombre, son pérdidas de tiempo. Pero podemos abolir el tiempo social, que no es nuestro tiempo, porque en nosotros sobrevive lo que era tan natural para el hombre primitivo, habilidad que nos permitirá obtener, por propia experiencia, el gobierno de nuestro tiempo para hacer lo que amamos, que es la única manera de vivir, y hacerlo por nosotros mismos, por nuestra propia felicidad, que despertará a los que nos rodean, natural y poéticamente”.

  

“Nada está terminado —ha escrito Facundo Cabral—, todo está por comenzar. Siempre podemos empezar de nuevo, todo momento es buen momento...”.

  

San Rafael de Onoto es una historia que aún espera. Es el momento de escribir nuevas historias. Esperan nuestros niños, esperan nuestros historiadores, creemos que esperan sus gobernantes, pero no pueden esperar las generaciones que vendrán a exigirnos cuánto tiempo perdido. Tiñamos de onoto las páginas de une nueva historia y toémosle el color a una tierra que quiere cantar y contar palabras.

  

Muchas gracias.

 
 
¿Quién va a responder por el ecocidio de Curpa? Los diarios "Ultima Hora" y "El Regional" han sido generosos con una noticia que no debe, ni puede, pasar por debajo de la mesa para la historia de Portuguesa: al pie de la estatua del Gral. José Antonio Páez en Curpa, inmediatamente a un lado del museo en la semana del 10 al 15 de noviembre de 1997 fueron talados veinticinco árboles que no le hacían daño a nada ni a nadie, más que albergar fauna silvestre y dar sombra al histórico lugar donde nació el prócer.? Details...

Araure ya no es tanto Araure Bajo el militar gobierno de Pérez Jiménez, la prensa caraqueña de los años cincuenta recogía de la pluma del desaparecido poeta Carlos Gauna un elogio hacia la gestión que entonces desarrollaba en Araure como Presidente Municipal el hoy también desaparecido don Pedro Alcides Barrios. ? Details...

En Curpa no se quiso la Patria de Bolívar, sino los bolívares de la Patria."El ecocidio cometido en el Parque Curpa sirve una vez más para comprobar la decadencia que ha venido sufriendo el Patrimonio Cultural en el Estado Portuguesa. En los últimos años, dos de los sitios históricos que más nos identifican ante el país, no han servido sino como pretextos para el negocio y la pillería, tal como ocurrió con la venta de los terrenos de El Túmulo y la extravagante excavación ordenada por un gobernador en la Laguna de los Muertos".? Details...



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